Los elementos principales de un préstamo

authorTeresa S. VicenteFecha de publicación: 21.12.2020
Los elementos principales de un préstamo

A la hora de contratar un préstamo debemos familiarizarnos con diferentes términos como TIN y TAE, cuotas, amortización o capital, entre otros. Además de los elementos que forman parte de un crédito hay que distinguir entre prestamista o acreedor, que hacen referencia a las entidades que conceden el dinero y el prestatario, es decir, el cliente que solicita la financiación y adquiere el compromiso de devolver el importe prestado.

Los préstamos están constituidos principalmente por el capital, que es el importe de dinero que se ha pedido al banco; el tipo de interés y el plazo o periodo de tiempo para devolver todo el dinero. También se incluyen otros elementos como: el TIN o el TAE, los productos vinculados y debemos diferenciar entre el prestamista y el prestatario y la finalidad del préstamo. Tampoco debemos olvidarnos de los avales y comisiones como parte inherente a los créditos.

Capital del préstamo

El capital es el elemento principal por tratarse del importe de dinero solicitado para financiar una compra o servicio. El cliente puede disponer de este capital de una sola vez en el caso de los préstamos o poco a poco en el de los créditos. La cuantía del capital dependerá del tipo de préstamo sobre el que estemos hablando, siendo los de menor cantidad los préstamos al consumo o los rápidos y los de mayor importe, es decir, los hipotecarios. A lo largo del préstamo se va devolviendo tanto el importe prestado más los gastos e intereses asociados y se denomina como capital o saldo vivo al dinero pendiente de amortizar.

Prestamista y prestatario

Aquí también hay que distinguir entre prestamista, que es la entidad que presta el capital y aplica los intereses y el prestatario, que hace alusión al cliente que recibe el dinero prestado y quien asume la responsabilidad de devolver todo el capital más los gastos asociados en forma de cuotas periódicas.

Intereses y comisiones

Los intereses se calculan en función del capital prestado, del plazo a devolver y de cómo sean las condiciones pactadas entre la entidad y el cliente. Junto a los intereses, las comisiones definirán el precio total de la financiación que solicitemos. Las comisiones más habituales que podemos encontrar hoy en día son las de estudio, por evaluar nuestro perfil de riesgo y solvencia; la de apertura, que se abona a cambio a de todas la gestiones que realiza el banco o entidad antes de conceder el préstamo; la derivada por los gastos adicionales de los productos vinculados que se contratan junto al préstamo; la comisión por descubiertos, que lleva implicados intereses de demora y por último, la comisión por amortización anticipada parcial o total.

Para calcular bien los costes incluidos en el préstamo se deben tener en cuenta dos indicadores, el TIN y el TAE. Las siglas del primero responden a Tipo de Interés Nominal, es decir,el interés aplicado a cambio de la financiación. A diferencia del TIN, la TAE o Tasa Anual Equivalente calcula el precio total de la operación y tiene en cuenta, además de los tipos de interés, otros gastos como el plazo de devolución y el número de cuotas, las comisiones y otros gastos.

Productos vinculados

Cuando se contrata un crédito a largo plazo, como una hipoteca, las entidades suelen ofrecer productos vinculados para bonificar el tipo de interés a fijar. Entre estos productos, cuya contratación no es obligatoria, se incluyen la domiciliación de la nómina, los planes de pensiones, los seguros de hogar o de coche o las tarjetas de crédito, entre otros.

Plazos de devolución

El plazo de devolución de un préstamo viene marcado por la fecha de vencimiento, que será la fecha límite en la que el dinero concedido se debe reembolsar a la entidad. Los préstamos pueden contar con plazos cortos o largos en función de lo elegido por el prestatario. En los plazos cortos el periodo tope de devolución es inferior a un año y nos referimos a largo plazo cuando el vencimiento es mayor a los 12-20 meses de duración. En algunos casos, como ocurre con los préstamos hipotecarios, el plazo de devolución puede ser de hasta 30 años.

El préstamo queda entonces cancelado cuando se cumplen estos plazos de devolución o cuando se devuelve de forma anticipada el capital íntegro más los gastos o intereses. Si se incumplen estos plazos, la entidad prestamista puede embargar nuestros bienes personales a partir de tres cuotas no abonadas.

Garantías y avales

Las entidades pueden asegurarse la devolución del préstamo al exigir al prestatario que aporte una garantía o aval. Mediante la garantía personal, el prestatario responde con sus bienes, que podrán ser embargados por el banco en el caso de producirse impagos.

Con un aval responde un tercero para hacer frente a la deuda si el prestamista no puede abonar los pagos. Estos avales son frecuentes en caso de que el cliente no tenga bienes suficientes con los que responder.

Fuentes: Portal del cliente bancario, ABC

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Autor del artículo:

Teresa S. Vicente

Lleva más de 15 años trabajando en medios de comunicación y está especializada en economía.
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