Sobre las finanzas matrimoniales (II)

author Óscar Ahulló Fecha de publicación: 06.02.2020
Sobre las finanzas matrimoniales (II)

El matrimonio es un acuerdo con consecuencias también económicas. Por eso, hay que tener claro el régimen económico matrimonial, las cuentas bancarias y cómo se gestionan las deudas.

Cuando la separación de bienes conviene

Mediante el régimen de separación de bienes, cada miembro de un matrimonio gestiona independientemente sus bienes propios, sin compartirlos con el otro ni necesitar su consentimiento. “La nómina o los bienes comprados serán individuales, aunque también podrán comprar bienes en común por los porcentajes que quieran”, explica Tomás Pérez Ramos, notario en Madrid.

Resulta especialmente recomendable aplicar el régimen de separación de bienes en los matrimonios cuyos cónyuges mantienen deudas activas con terceros, sobre todo si la devolución no marcha como debería.

Según afirma, la decisión de optar por este régimen se va dejando ver cada vez más frecuentemente por las notarías. La razón principal es “la responsabilidad por las deudas es individual, hay mayor libertad en la contratación y, en el caso de una separación o un divorcio, no es necesario liquidar el patrimonio ganancial, lo que sí es preciso en el régimen de gananciales y, muchas veces, genera conflictos”, justifica Ramos.

El otro régimen económico: la participación

En realidad, existe un régimen económico matrimonial distinto del de separación de bienes y el de gananciales, y es el de participación. “Fue copiado de Alemania donde y es una mezcla del régimen de gananciales y el de separación de bienes, ya que los cónyuges tienen la administración y disposición individual de los bienes adquiridos por cada uno y será en el momento de la extinción (por muerte de uno de ellos, separación, divorcio o por pactar otro régimen distinto) cuando se calculen las ganancias, que serán repartidas por mitad”. Así lo define Ramos, aunque su aplicación es casi inexistente.

Se materializa mediante unas capitulaciones matrimoniales cuyo coste por elevarlas a público ante notario será de 80 euros. Solo tienen efecto si el matrimonio se lleva a cabo no transcurrido un año desde la fecha de escrituración.

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¿Cómo repartir las cuentas bancarias?

Pero el régimen de separación de bienes no solo cobra sentido cuando hay un cónyuge deudor, también vale la pena aplicarse si el perfil financiero de los cónyuges dista lo suficiente de ser parecido. Así lo cree Gallardo, y es que la administración conjunta del capital se puede complicar si un cónyuge es muy ahorrador y el otro es derrochador; o si uno apuesta por invertir a largo plazo y el otro opta por la conservación. Y recomienda no solo aplicar la separación de bienes, sino también “tener una cuenta común en la que hacer frente a los gastos a partir de aportaciones mensuales y en la que se aplique mucha flexibilidad, para amoldarse a las necesidades compartidas”. Esto no impide que la administración del patrimonio sea privativa e individual, pudiendo invertir en cualquier cosa, siempre que lo haga con capital perteneciente a su cuenta privativa.

En este sentido, Arturo Blanco, director regional área Oeste de banca privada de Deutsche Bank España, sugiere “crear una cuenta común y conservar las cuentas particulares de cada uno”, aunque “otra posibilidad es tener cuentas individuales y dividir solo los gastos”, añade.

Fiscalidad y buena sintonía

Algo muy importante, no solo para la salud económica del matrimonio, sino también para el matrimonio en sí, es no llevar las finanzas a terreno personal. Al fin y al cabo, “no se trata de hacer cambiar al otro”, asegura Gallardo, sino de “saber diferenciar los gastos comunes de los individuales, cubrir correctamente los primeros, informar al otro miembro de la pareja de todas las decisiones financieras y, si posible, consensuarlas, ya que el desconocimiento es una de las fuentes más importantes de conflicto”.

Y llegada la hora de efectuar la declaración de la Renta, ¿convendría hacerla conjuntamente? Sabiendo que los tipos impositivos se calculan sumando el volumen de ingresos de los dos cónyuges a la vez, la respuesta es sí, solo “si uno de los dos cónyuges no trabaja o sus ingresos son muy bajos, es decir, inferiores a los 8.000 euros”, concluye Gallardo.

Fuente: El Páis

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Autor del articulo:

Óscar Ahulló

Es redactor creativo publicitario y redactor web especializado en finanzas.
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