Seis caminos que te alejarán de los ficheros de morosos

Fecha de publicación: 10.07.2018
Seis caminos que te alejarán de los ficheros de morosos

Allá por el año 2008, la deuda de los hogares españoles era oronda y montañosa. Eso, traducido a números, equivale a 980.160 millones de euros. Pero, desde entonces, una ventisca ha estado disminuyendo la deuda en un 28%. Ahora, los españoles debemos un total de 704.390 millones de euros. Esto está bien sólo si no tenemos en cuenta que representa un 60% del PIB.

En materia de endeudamiento en créditos hipotecarios para adquirir una vivienda, debemos 15.700 millones menos que el año pasado. En cambio, los créditos al consumo han aumentado en 7.300 millones, según el Banco de España.

Todo esto está visto con prismáticos y desde lejos. Pero si nos acercamos y cogemos una lupa, encontramos casos desesperados de ciudadanos que parecen huchas abiertas por abajo. No dejan de perder dinero y acumular deuda.

La reunificación de la deuda, solo en casos desesperados

Gorka Berrenetxea, director financiero de iMorosity, una empresa de gestión de morosidad, subraya que “la reunificación de deudas, si se utiliza de forma adecuada, puede ser una vía de financiación muy recomendable”.

De lo mismo habla Pablo Souto, experto en finanzas del comparador bancario iAhorro, y la considera una buena solución solo para la devolución de deudas importantes y con pocos recursos. Para deudas menores, recomienda echar mano de algún familiar o amigo, o incluso tirar de ahorros. “Hay que tener en cuenta que las entidades están poco interesadas en llevar a cabo esta medida, por lo que las comisiones son bastante elevadas”, advierte.

Ileana Izverniceanu es la portavoz de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), y cree que la reunificación es “la solución más cara de todas”. Tampoco es la única solución que existe, claro está.

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Alargar el plazo, el nuevo “ya te lo devolveré”

La OCU sabe lo que dice. Y dice que, para devolver los préstamos hipotecarios, lo mejor es dar largas y pedir más tiempo. Alargar el plazo está más de moda que nunca en la calle y en las oficinas bancarias, todo gracias a las entidades de crédito online, según dice el director general de iMorosity, Mario Mazaira. Más tiempo para devolver el dinero es igual a cuotas mensuales más baratas.

Ampliación de capital: el dopaje empresarial

Como alternativa, y recuerda que hablamos de créditos hipotecarios, están las ampliaciones de capital. Aseguran desde la OCU que, con una inyección de capital, tendremos más recursos para satisfacer a nuestros deudores a tiempo y eliminar los préstamos personales que queden coleando. Además, por lo que hemos dicho antes, el tipo de interés será más bajo.

Carencia de capital si no has perdido la humildad

Siempre está la opción de reconocerlo: “Mira, que no hay dinero”.

Eso es pedir una carencia de capital.

Si es aceptada, solo amortizarás los intereses del préstamo con tus pagos y, en casos de oscuridad absoluta, también conocidos como carencia total, dejarías de pagar de todo, intereses, capital… Todo.

Pero ojo, no se regala nada: “las cantidades que el usuario deja de abonar temporalmente serán cobradas por el banco después, y la cuota del préstamo será recalculada”, explica Souto. Así que cuidado con el arreón final.

Dación en pago o cómo apostar tu casa

Dación viene de dar, por eso consiste en dar un bien hipotecado como garantía de extinción de la deuda.

Así, podemos elegir si seguir desviviéndonos por pagar los plazos de devolución o hacerlo de una tacada, entregando la propiedad de un bien hipotecado y resolviendo así la deuda de forma definitiva -si el bien cubre el valor- o parcial -si no lo cubre.

“Si este hecho se produce, el cliente y la entidad deberán ponerse de acuerdo a través de una negociación”, explica Mazaira.

Siempre nos quedará la refinanciación

Siempre nos quedará esta opción, mediante la que podemos esquivar el impago reunificando varios préstamos, con la condición de que al menos uno sea hipotecario. Mazaira, de iMorosity, no se confía: “No creo que sea oportuno generalizar, por lo que diría que su utilidad se tendrá que estudiar caso por caso”. En palabras de Souto, “refinanciar una deuda solo para reducir una cuota que no tenemos problema en pagar supone incrementar voluntariamente lo que le pagamos al banco por intereses”.

 

Fuente: El País

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