Negociaciones con el banco: ¿Hasta dónde pedir? (Parte I)

Fecha de publicación: 30.05.2019
Negociaciones con el banco: ¿Hasta dónde pedir? (Parte I)

Si nos decidimos a hablar claro con nuestro banco, descubriremos que hay muchos asuntos de los que podemos tratar con ellos… Y otros que no. En este artículo de dos partes veremos qué podemos pedir.

Si reflexionamos sobre la relación que mantenemos con nuestro banco y la comparamos con la que nos une con cualquier otro ser querido o próximo, la primera casi siempre saldrá perdiendo. Los expertos tienen razón cuando dicen que descuidamos el contacto con nuestro banco, nos mostramos indiferentes, distantes y perezosos en lugar de proactivos e interesados.

Pero si reflexionamos también sobre esta realidad, se nos ocurren varias razones para justificarla. Pagamos costosas cuotas mensuales de la hipoteca, que parece no acabarse nunca. Cuando compramos con la tarjeta de crédito, solo esperamos poder devolver el dinero a final de mes sin que los intereses nos desborden.

Siempre estamos en deuda con nuestro banco. Siempre nadamos a contracorriente y no nos queda otra que seguir el ritmo y aceptar las condiciones de la entidad.

Pero, ¿es esto último una cuestión sin remedio?

En la primera parte de este doble artículo, comprobaremos que tenemos margen con el que actuar y mucho más que ganar que perder.

¿Por qué nos nos lanzamos a negociar, entonces?

La cuenta nómina es la primera bandera

Antonio Gallardo es experto en finanzas de iAhorro y nos da una buena noticia: “La cuenta nómina es el producto por excelencia para renegociar”. Si este producto es tan importante, nos conviene ir a buscar las mejores condiciones, como cero comisiones, transferencias y tarjetas de débito gratuitas, etc.

Si el banco nos ofrece estas ventajas desde el inicio, entonces Gallardo aconseja no conformarnos y hurgar un poco más allá. Podemos exigir, por ejemplo, que reduzcan las comisiones por sacar dinero de cajeros de otros bancos. Y ¿qué tal ingresar cheques sin tener que pagar por ello?

Eso sí, seamos conscientes de lo que significamos nosotros para el banco. “Más fuertes seremos si nuestros ingresos son altos y, también, si tenemos una gran posición en activos como depósitos, fondos de inversión o planes de pensiones, entre otros”, sugiere Gallardo.

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Nuestro as en la manga por la tarjeta

Si vamos a por la tarjeta, nos obligaremos a forzar más. El propio Gallardo admite que “bajar los intereses que se cobran en un contrato tan estándar como el de la tarjeta es complicado, pero, antes de que venza o se prorrogue el contrato, es más probable poder renegociar la cuota anual que muchos bancos cobran”.

Podemos servirnos de una buena carta: hay muchos bancos, sean nacionales o internacionales, que ofrecen tarjetas de emisión, renovación o uso gratuitos. Y, además, algunos las ofrecen sin obligarte a cambiar de banco. Estamos hablando de banca virtual o neobancos que solo operan a través de la red. Seguramente has oído hablar de BNext, N26 y Revolut en algún artículo anterior.

Ahí es donde tenemos la fuerza de negociación.

¿Dispuestos a pelear por la hipoteca?

La hipoteca que tenemos no nos la quita nadie. Por eso, nunca está de más compararla con algún otro producto parecido. Quién sabe si terminamos rebajando la cuota.

Sin embargo, esto es harina de otro costal y Gallardo viene avisando: “El proceso suele ser complejo y, muchas veces, acaba en la petición de subrogación del préstamo a otro banco”.

Es necesario saber que, a partir del 16 de junio de 2019, entrará en vigor la Ley de Crédito Inmobiliario y sus nuevas condiciones más beneficiosas para los usuarios. Por lo tanto, este será un buen momento para trasladar nuestra hipoteca a un banco distinto.

Pero ya que estamos y mientras esperamos, Gallardo recomienda comunicar nuestra decisión al banco y esperar que nos ofrezcan una mejora sin tener que iniciar trámites.

Por último, Gallardo nos aconseja vigilar la duración del préstamo en relación a los productos vinculados con la hipoteca, porque están relacionados y “cuanto menos tiempo quede para devolverlo y más bajos sean los tipos de interés que se pagan sobre el capital, menos interesan las bonificaciones por contratar productos”.

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