Letra pequeña pero matona

Fecha de publicación: 05.10.2017
Letra pequeña pero matona

En nuestro último post hablábamos de los gastos de gestión en los planes de pensiones y de la bajada que van a experimentar gracias a una actualización de nuestras leyes económicas. Y puestos a hablar de pesados lastres que entorpecen nuestro camino hacia la tranquilidad económica, puestos a hablar de cargas, hablemos de cargos. Hablemos de comisiones.

Pero no cualquier tipo de comisiones, no. Las ocultas.

La letra pequeña.

La estrategia está de moda, cada vez más empresarios y, por lo tanto, empresas, se creen los Sun Tzus o los Alejandro Magnos de su sector. En el sector de la banca, la táctica más recurrente es la de incluir comisiones camufladas y cláusulas engañosas que desembocan en gastos ocultos. Costes extra de los que no somos conscientes y luego, con la factura en la mano, aparecen. Ahora sí las ves, ¿verdad? Pues han estado ahí todo el tiempo.

La pregunta es: ¿cómo ha sucedido? ¿Cuándo he contratado yo esto?

Las comisiones son la principal fuente de ingresos de entidades tanto bancarias como no bancarias. Sabido esto, es evidente que las van a seguir incluyendo. Se dice que si algo va bien, mejor dejarlo como está. Por eso los seis grandes bancos españoles se han embolsado más de 5.200 millones de euros solo en el primer trimestre de 2017.

Y nosotros, la gente de a pie, peatones que se pasean con mundana inocencia entre sucursal y sucursal, ajenos al poder celestial de los directivos de banca, somos cooperadores necesarios de sus delitos de riqueza.

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La letra pequeña: ¿cómo lo hacen?

Si no leemos la letra pequeña de los contratos de los productos que contratamos –o que nos hacen contratar- en nuestro banco, podemos salir malparados.

He aquí una lista de métodos (casi) infalibles para las entidades:

Como hemos mencionado más arriba, las comisiones intrínsecas, ocultas tras el arbusto de una comisión mayor y evidente, son las más habituales. Las encontrarás al comprobar tus movimientos tras sacar dinero de un cajero en el extranjero, por ejemplo.

Ten cuidado con lo que gastas, si tu saldo se queda bajo cero, tú puede que te quedes helado cuando descubras las comisiones por descubierto que esto comporta. Seremos penalizados con una doble comisión: la fija en concepto de gastos de gestión –¿te suena?- y la variable, sujeta a cómo de rojo hayas pintado tus números. Cuanto más debas, más alta será.

Mucho ojo con las transferencias internacionales. No te confíes con el método online, limpio y sencillo. Es fácil caer, así que antes de transferir dinero a un país de fuera de la zona SEPA, mejor que SEPAS a lo que te enfrentas: te puede costar, como mínimo, 40 euros. Eso, sin contar con las comisiones derivadas del cambio de divisas y la intervención de algún banco que quiera hacer de celestina. Ya sabes, intermediarios, siempre metiendo la nariz en nuestros asuntos…

En su faceta más humana, los bancos tienden a ser seductores cuando se trata de retener a sus clientes o atraer nuevos. Algunas entidades bancarias te ofrecerán la luna –en forma de vajilla u ordenador portátil- para llamar tu atención y llevarte a su sucursal. Tú te sentirás como una bella dama rodeada de galanes con encanto, pero sé inteligente y, tal y como hiciste en tu vida amorosa, elige bien en la financiera. No te dejes engañar por los regalos ni promesas de amor eterno, siempre esconden algo, como por ejemplo, cláusulas de 24 meses de permanencia. ¿Qué pasa entonces? Que si te dejas conquistar y un tiempo después descubres que no todo es color de rosa, sino más bien rojo, el banco te penalizará con una cantidad importante por querer “romper” con ellos en concepto de sus comisiones por dejar de ser cliente. Antes de decir sí, piensa bien  si merece la pena comprometerse.

Fuente: Finanzas.com

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