Las finanzas personales no se van de vacaciones

Fecha de publicación: 27.08.2019
Las finanzas personales no se van de vacaciones

Con el verano y, sobre todo con agosto, viene la desconexión. Sin embargo, siempre hay reminiscencias de nuestra vida cotidiana delas que tenemos que cuidar todo el año. Hablamos de las finanzas personales.

José María López es el autor del blog ‘Todo son finanzas’, y explica que  “aunque los dispositivos móviles nos permiten estar conectados de forma permanente, la relajación asociada a encontrarse de viaje o en un entorno diferente al habitual, entre otras situaciones, puede condicionar nuestra percepción y la toma de decisiones financieras. Por ello, es necesario estar alerta, o bien ser previsor, para evitar sorpresas desagradables”, añade.

Irnos con los deberes hechos

La realidad es, según nos cuenta Antonio Gallardo desde iAhorro, que “en verano podemos eliminar algún gasto como los escolares y disminuir otros, como la parte variable de consumos de luz o gas, pero la contrapartida es que subimos otros”.

En virtud de ello, López propone prever los gastos a los que tendremos que hacer frente mientras estamos de vacaciones, y guardarnos una parte del capital exclusivamente para saldarlos. De esta forma, dejamos los deberes hechos antes de partir. 

¿Qué pasaría si nos vamos sin pensar en ello?

Pues, “si, por ejemplo, no se paga la cuota de un préstamo por no tener dinero en la cuenta vinculada, es posible que se generen intereses de demora y el devengo de comisiones y gastos”, advierte López. 

Otro ejemplo: “La no renovación de un contrato de seguro por falta de saldo podría provocar que perdamos la cobertura de la póliza temporalmente”.

Y es que el verano es época de gastos extraordinarios, por lo que la elaboración de un presupuesto previsor y detallado es más que necesario.

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Qué hacer para marcharnos tranquilos

Estos son los pasos a seguir, según López:

En primer lugar, habrá que identificar los ingresos (derechos a cobrar algo), los cobros (ingresos efectivos del dinero o un activo en nuestro patrimonio), los gastos (deberes de pagar algo) y los pagos (las salidas del dinero o de un activo de nuestro patrimonio). El último paso consistirá en determinar las fechas de ingreso y cargo, para asegurarnos de que disponemos de la liquidez suficiente en cada momento”.

Gallardo añade los gastos que puedan devenir durante las vacaciones, de los cuales no nos libramos tampoco, obviamente. Quién sabe qué puede ocurrir, o si el hotel no ofrece pensión completa. Para ir con las espaldas cubiertas, guardaremos sobre un 15% del presupuesto para posibles imprevistos. E insiste en “ser estricto y que este dinero cumpla su objetivo y no se destine a financiar excesos en otros gastos”. 

Tareas para el descanso

Es sano, también, crear un presupuesto flexible que pueda ser modificado según los acontecimientos. Eso sí, Gallardo recomienda que “esta flexibilidad gire siempre alrededor de la cantidad total que vayas a destinar para las vacaciones”. 

Y entrando en el terreno de la financiación, cabe preguntarnos cómo pagamos nuestras vacaciones. Cada vez más gente lo hace solicitando un préstamo vacacional. Para López, esta “es una buena idea si la cantidad es razonable en función de los ingresos, si no, el riesgo es exponerse a cuotas de devolución muy elevadas, o a una vinculación con la entidad prestamista durante meses o años”. Y es que las vacaciones siempre se acaban antes que las cuotas de devolución, lo cual significa que volveremos a casa y todavía nos veremos pagando el préstamo de las vacaciones.

La clave, según Gallardo, es “buscar un equilibrio. Que la cuota no suponga un problema a nuestras finanzas personales, pero también que paguemos lo antes posible para disminuir gastos, todo ello con el menor coste posible, medido en su TAE”. Y en busca de la flexibilidad, lanza el consejo de “poder cancelar total o parcialmente sin gastos o con una comisión mínima, así podremos acortar el plazo de devolución si tenemos dinero sobrante y con ello disminuir el coste total”.

 

Fuente: El País

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