La cultura del dinero rápido

Fecha de publicación: 12.10.2017
La cultura del dinero rápido

El imperio de la comida rápida sobrevive gracias al instinto primitivamente humano de saciar nuestra hambre lo antes posible. Si nuestro estómago ruge pidiendo o si salivamos como una presa desbordándose, no nos queda otra que atender la llamada. Así sobrevive el fast food.

Y algo parecido ocurre con el dinero rápido.

La economía de la gran mayoría de seres humanos experimenta altibajos, rachas y crisis. Es durante los periodos de vacas flacas cuando, según la situación y el orgullo de cada uno, nos planteamos dar el paso que separa ese altibajo económico de una crisis de cartera: pedir dinero.

A nadie le gusta pedir dinero, y menos aún que se lo pidan, excepto a los bancos. Ellos dominan la cultura del dinero rápido, y allí estarán, acechando como cazadores a la vuelta de la primera esquina, para entrar en tu vida. Y en tu bolsillo.

Pero si vamos a enfrentarnos a ellos, debemos hacerlo preparados. Debemos ser conocedores de su cultura: cuánto pedir, a quién pedírselo, cómo y cuándo solicitarlo y, sobre todo, cómo devolverlo. Saber todo esto hará que nos desenvolvamos mejor en el aventurado mundo del fast money.

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Saber tratar a las cuotas de devolución

Ya sabemos que necesitamos dinero y hemos decidido solicitar un crédito. Bien, ahora asegurémonos de no estar toda la vida pagándolo.

Si pedimos 1.000 euros a una entidad de crédito rápido, el tipo TAE será del 24,51%, que es el coste de financiación equivalente al de una tarjeta de crédito. Imagina que nos lo conceden a devolver en 26 meses. La cuota mensual es, entonces, de 49,90 euros. Esto significa que el crédito de 1.000 euros nos costará, al final, 1.297 euros. Pero ojo, si decidimos pagar los gastos con la tarjeta de crédito para hacer más cómoda la devolución, establecemos la cuota en 20,08 euros al mes –lo mínimo que nos permite el banco- y tomamos el tipo de interés de 24% de la tarjeta de crédito, aquí viene el resultado: de esos 20,08 euros, estaremos amortizando 8 céntimos y pagando 20 euros de intereses al mes, lo que supone una amortización de la deuda en 280 meses. O lo que es lo mismo, 23 años para devolver 1.000 euros, que además nos saldrán por 5.600 euros.

¿Qué ha pasado aquí? El banco no nos ha engañado, nosotros sabíamos que estábamos contratando un producto con un interés nominal del 24%. Que esta sea la única opción que nos ofrece el banco no nos obliga a contratarla. El problema es no haber entendido el sistema de desglose de las cuotas mensuales. Antes de firmar tenemos que estar seguros de cuánto vamos a amortizar cada mes y cuánto vamos a pagar en concepto de intereses.

Para evitar “malentendidos” que nos pueden costar caros, se aconseja calcular el plazo de tiempo en que queremos devolver los 1.000 euros. Luego, usando simuladores de préstamos, vemos que en un plazo de un año las cuota mensual de la tarjeta sale a 95 euros. Es más alta, pero solo nos saldrá por un total de 1.134 euros.

En todo caso, es indispensable saber qué cuota mínima comporta la devolución del dinero en un plazo razonable, y hacer cálculos a partir de ahí.

Asumir cuotas bajas no significa pagar menos, sino todo lo contrario. Si tienes visión de futuro, serás un cultureta del dinero rápido.


Fuente: El País.

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