La batalla por las comisiones

Fecha de publicación: 19.07.2018
La batalla por las comisiones

Desde hace años se está librando una feroz lucha entre entidades bancarias y consumidores (quienes vienen a ser sus clientes, vaya), y el campo de batalla son los tribunales. Y todo por la maldición de las cláusulas abusivas, una de las armas más temibles de los bancos. Ante ellas, los consumidores solo pueden hacer una cosa, resguardarse tras las murallas de la ley, esperando que los otros no las rebasen o las derriben a golpe de intrincados recursos y artimañas legales.

Todavía quedan comisiones vivas. Todavía está por resolver aquello de las comisiones por concesión de créditos: las de apertura y las de vencimiento anticipado.

Los malos y los buenos

Ya hemos dicho que todo esto sucede sobre la arisca e irregular superficie de los tribunales. Y aquí los hay de malos y de buenos.

Las Audiencias Provinciales no ajustan criterios, y lo que para unos es un delito y un abuso, para otros está permitido y perdonado.

Para los tribunales de León, «el cobro de una comisión de una sola vez en el momento del contrato, llámese apertura o de cualquier otro modo, es una posibilidad contemplada en normas legales y del Derecho de la Unión Europea». Por ello, considera «más que discutible la posibilidad de realizar un control de contenido de su abusividad».

Muy por ahí andan los magistrados de la Audiencia de Tarragona . Según ellos, es adecuado el cargo de una comisión en las hipotecas porque «retribuye actividades y gestiones llevadas a cabo por la entidad bancaria». Por eso consideraba «lícito su cobro al cliente, en la medida que se trata de abonar unos servicios realmente prestados».

Los buenos parecen ser sus análogos de Albacete, Asturias, Cartagena, Castellón, Girona, Las Palmas, Madrid, Ourense, Palma de Mallorca, Soria, Tenerife y Zaragoza.

Sus respectivas Audiencias Provinciales se muestran más exigentes y menos permisivas con las entidades bancarias, ya que todas ellas han resuelto que las comisiones de apertura de los créditos -algunos incluyen también las de cancelación- son cláusulas abusivas, siempre que no se pueda «acreditar la prestación» del servicio que, en principio, origina dichos cargos.

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Con las espadas afiladas

Todos los casos investigados por los tribunales “buenos” carecían de pruebas y acreditaciones de los gastos aportadas por los bancos, que luego se convertían en comisiones sangrientas. Ni folletos, ni ofertas, ni documentos, «ni su importe ni la razón o naturaleza de los mismos». Nada.

Según dicen algunas de estas Audiencias, ni siquiera «se acierta a percibir qué tipo de servicio se le otorga al cliente» que pueda explicar el por qué de esa puñalada que, por cierto, «carece de cualquier proporcionalidad…», pues «se calculan a tanto alzado, aplicando un porcentaje sobre el importe del principal, sin que conste causa para su devengo». Y para más INRI, insisten en que la apertura y la cancelación de un préstamo «son inherentes a la operativa bancaria y no pueden, sin una expresa asunción con plena información y efectiva negociación, ser puestos a cargo de la demandada» como comisiones.

Es una verdadera lástima, pues, que todavía no se haya encontrado un criterio unánime en la jurisdicción española.

El germen de la guerra

Si nos remontamos hasta el origen del conflicto, pararemos en el mes de mayo de 2013, cuando el Tribunal Supremo cambió la perspectiva de los consumidores con una sentencia inédita y revolucionaria. Y justa.

Estableció por primera vez, como cláusulas abusivas, las cláusulas suelo de los contratos de crédito, por valerse de información que no era «suficientemente clara», es decir, por falta de transparencia, por no comparar condiciones con otros créditos, por no hacer simulaciones de evolución de los tipos de interés y por llegar a «enmascarar» ciertas condiciones y requerimientos obligatorios.

Antes de todo eso, hasta el año I AS (antes de esa Sentencia), los clientes cargaban con la pena y con el precio salvaje de las comisiones, y los asumían como mártires. No se planteaban que la letra pequeña fuera, si quiera, discutible. Algunos ni sabían que estaba allí.

Tenían la batalla perdida porque no sabían que se pudiera luchar.

Ahora, van camino de vencerla.

 

Fuente: Las Provincias

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