La balanza rota de la riqueza

Fecha de publicación: 23.05.2018
La balanza rota de la riqueza

En un planeta con recursos agonizantes y mal repartidos y con riquezas amontonadas en el mismo plato de la balanza conviven dos mundos paralelos que se dan la espalda. Uno es de quienes se revuelcan en el brazo pesado de la balanza, hundido por el peso de sus fajos de billetes, y en el otro permanecen aquellos que ven cómo su plato vacío no les da para desafiar a la gravedad.

En una economía mundial presentada de esta manera, el plato ligero, es decir, el pobre, cada vez pasa más desapercibido. Todo lo que importa es lo que sucede en el brazo de oro de la balanza, el de los bienes –y, en ocasiones, el de los males.

Y en ese mundo, todo va rodado.

Riqueza mórbida

Todo va bien allí abajo, el mundo de los que “importan” completa su segundo año consecutivo con crecimiento simétrico, lo que significa que, entre ellos, el reparto es más equitativo. En concreto, Estados Unidos acumula ya nueve ejercicios consecutivos de expansión. Toda una heroicidad digna de un buen largo en Hollywood.

Everything is okay, dirían ellos mientras se cubren la cara con una mano ante los felices augurios que, a corto plazo, escupen de dorado sus resplandecientes cifras. Otros lo celebrarían tirándose de los pelos y llorando de alegría; pero aquéllos están acostumbrados a ganar.

El número de ultramillonarios –poseedores de una riqueza en activos netos de 50 millones de dólares, como mínimo- ha aumentado en 2017, ahora hay un 10% más, según la última edición del informe The Wealth Report elaborado por la consultora Knight Frank. Y lo que se avecina es una plaga: en 2022, este selecto grupo será un 40% más nutrido de lo que es ahora.

Un tercio de los actuales comparte ecosistema: los Estados Unidos, considerado el lugar más próspero para la vida en el brazo pesado de la balanza. Aunque para brazada, la de Asia, que ha puesto las monedas a rodar y ha adelantado al continente viejo, el de los bancos con columnas y capiteles clásicos, que ya sólo es más rico que un par.

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La clase media del pudiente y mórbido mundo, los multimillonarios –aquéllos con más de 5 millones de dólares en activos netos- también ha incrementado la manada en un 9% en 2017 y el estudio, que fue elaborado a través de una encuesta a 500 directivos de banca privada y asesores a nivel global, afirma que en los próximos cinco años serán, atención, un 43% más.

¿Cómo se divierten estos afortunados?

Pasarlo bien, gastar, invertir, llamémoslo como queramos. Lo que interesa es saber qué hacen con ese overbooking de dinero, adónde van a parar esas ingentes cantidades.

Podemos señalar, como el top 3 de inversiones, el arte, el vino y los inmuebles.

Pese a que las tendencias van cambiando para todos menos para quienes no tienen nada que gastar, se les reconoce por una marcada exquisitez en los gustos, señoriales como los coches clásicos y bohemios como las monedas de colección –ambos triunfaron en años anteriores.

Ahora, la cosa va de arte, ya que se invierte un 21% más –la obra ‘Salvador Mundi’, de Leonardo da Vinci, se adquirió por 450 millones de dólares, y la ‘Femme au béret’ de Picasso, por 71 millones.

Algo quizás menos esperado es la moda reciente de comprar otras nacionalidades. Parece ser que tener más de un pasaporte, varias nacionalidades y segundas residencias se lleva entre los grandes patrimonios. Esto se interpreta como una vía para facilitar sus viajes y las conexiones comerciales.

La duda está, entonces, en qué porcentaje de ultra y multimillonarios habrán considerado darse una vuelta por aquel mundo paralelo y levitante, al otro lado de la balanza.

 

Fuente: El Mundo

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