La aventura del soltero en busca de una hipoteca

Fecha de publicación: 31.10.2019
La aventura del soltero en busca de una hipoteca

No es lo mismo una hipoteca para uno que para dos. Los bancos confían en la fortaleza del binomio, en la seguridad de dos nóminas, y temen que una sola persona no pueda hacerla frente

Cuando hablamos de hipotecas, ser una pareja viene a ser como tener mucho dinero: no lo da todo, pero ayuda bastante. Y siguiendo con un símil cotidiano, ¿cuántas veces se han echado de menos envases o precios para solteros? Porque a los solteros casi todo se les queda grande o caro, y no hay manera de encontrar algo a su medida.

Estar solo es mejor según para qué, pero ser dos no se queda atrás. De hecho, si lo que queremos es solicitar una hipoteca en nuestro banco o en cualquier otro, saldremos mejor parados si lo hacemos acompañados.

Ser dos o ser uno y tener mucho

Según el Instituto Nacional de Estadística, el 25% de los 18 millones de hogares de España son núcleos unipersonales, es decir, constituidos por una sola persona. El porcentaje sigue aumentando a día de hoy y lo lleva haciendo desde el año 1981, quizá por el divorcio, introducido aquel año, por la supervivencia a la pareja o simplemente porque sí.

Evidentemente, puestos a solicitar una hipoteca, no es lo mismo tener el apoyo de otro que no tenerlo, pero también influye nuestra capacidad económica como solteros.

Según Simone Colombelli, director de hipotecas de iAhorro, “ahorros, ingresos e historial crediticio son los elementos que más pesan en la oferta final”. De hecho, este perfil económico será lo que configure la hipoteca que el banco nos ofrezca, cada vez más personalizada. Pero, claro está que “cuando se trata de dos titulares, es posible que estos tengan más capacidad de ahorro para llegar a la aportación mínima que se considera óptima – es decir, el 20% del precio de la vivienda–, que la suma de los ingresos sea mayor que el sueldo de un soltero o que los gastos derivados tanto de la hipoteca (la tasación) como de la compraventa tengan menor impacto en la economía doméstica”, admite Colombelli.

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Mesa para uno y doble ración

La realidad es que las viviendas pequeñas destinadas para solteros terminan saliendo más caras que las grandes. El secreto está en que quien solicita una hipoteca por su cuenta es para comprar una vivienda donde vivirá por su cuenta. Pero los gastos fijos asociados a las viviendas son los mismos, y estos no entienden de metros cuadrados. Además, los bancos no ofrecen ya una financiación que cubra más del 80% del precio de la vivienda, pasando el 20% restante a tener que abonarse mediante un pago inicial o entrada. No es lo mismo pagar esto solo que a medias con la pareja.

El papel del trabajo y los avales

Todo depende de la capacidad económica que el banco detecte en el solicitante. De ello también depende el aval exigido que, por razones obvias, será mayor para el soltero que para la pareja, porque el primero comporta más riesgo de impago. Pero aparte de los ahorros, también la situación laboral juega un papel esencial, sobre todo la del soltero. ¿Qué ocurre si de repente pierde su empleo? Que, con él, perdería, seguramente, gran parte de sus ingresos. El banco no puede permitirse ese riesgo, por lo que el tipo de contrato o el régimen profesional –siendo el de funcionario público uno de los mejor valorados – dejará definidas las posibilidades de obtener la hipoteca. En cambio, una pareja acumula dos nóminas y, a riesgo de que una se extinga por despido, siempre queda otra de sustento.

E idéntica situación se da en los gastos derivados de la compra de la vivienda, sobre todo en las escrituras notariales: son mucho más asumibles entre dos que yendo solo a la aventura.

Fuente: El País

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