El endeudamiento, el trágico final de una bonita historia

Fecha de publicación: 17.07.2018
El endeudamiento, el trágico final de una bonita historia

A muchos les puede dar gusto vivir en Madrid o Barcelona, pero a la hora de buscar casa o pagarla, los hay quienes pasan miedo. Los precios de alquiler siguen escalando, especialmente en estas dos ciudades y, ¡ojo! Porque ya han alcanzado los máximos de la época de la burbuja inmobiliaria. Fotocasa ha proporcionado los números: el alquiler es un 9% más caro en 2017 de lo que era en 2016. Y sigue, porque el primer trimestre de 2018 llegó con un 3,5% interanual, y un 0,7% más caro que el anterior trimestre -éste es el último de 2017.

La recuperación económica, el crecimiento del PIB y la creación de empleo no representan solo resultados positivos. Sus consecuencias son de todos los colores y formas.

Aunque sorprenda, una de las consecuencias de esta vuelta a la “buena racha” es el endeudamiento de los ciudadanos.

La explicación es simple: en los buenos tiempos, aumenta la confianza y, con ella, los gastos. Con los gastos, viene la necesidad de financiación. Y para los que se descuiden con esto último, llega el endeudamiento.

El resurgimiento de las deudas

Durante los últimos ocho años, también conocidos como “crisis económica”, los españoles hemos manejado nuestras cuentas con ese temor fruto de la incertidumbre. Eso significa que miramos más lo que gastamos, cuándo lo gastamos, dónde, cómo, por qué, para qué, cuánto y en qué.

Todo el mundo tenía menos dinero; unos cuantos, poco menos y otros, mucho; pero todos menos. Incluidos los bancos.

Los bancos concedían menos operaciones al endurecer las condiciones, y los ciudadanos solicitaban menos créditos por miedo y porque se convirtieron en máquinas de ahorrar.

Y claro, los españoles llegamos a amortizar más dinero en préstamos, sobre todo, en hipotecas.

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Pero ahora ya no hay crisis. Ahora, casi todos tienen más dinero, y cuando hay dinero, todo fluye. Incluidos los bancos.

Los bancos se prestan mucho más a otorgar créditos, las condiciones son fácilmente asumibles y los ciudadanos se animan a gastar más porque ven sus carteras más abultadas.

Eso nos da confianza para gastar, nos llena de atrevimiento y acabamos solicitando más créditos con el pecho henchido de orgullo.

Consecuencia: según el INE, el endeudamiento general ha crecido hasta los 3.063 millones de euros.

En España hemos pasado de ser bajitos a tipos altos

Deber dinero, objetivamente, no es malo, si puedes pagarlo. Lo que lo convierte en un problema son las circunstancias de la deuda y nuestra situación económica, personal y/o laboral.

El segmento del crédito al consumo crece, y ya supone más del 16% del total de todos los préstamos formalizados en España. Esto alerta al Banco de España: controlemos la morosidad.

Sin embargo, la ley de la oferta y la demanda eleva el precio de los préstamos en España. El hecho de que los tipos de interés se mantengan en mínimos históricos en toda la zona euro (-0,19% en el pasado mes de abril) no evita que los intereses se disparen, superando a muchos de los países de la zona euro.

Hasta mediados del 2005, los tipos de los préstamos personales entre España y la Unión Europea se mantenía muy parejos, ligeramente al alza para España. Pero ahora, los doblamos, y nos situamos en la sexta posición con 8.3 puntos, sólo por debajo de Estonia (16.84%), Letonia (16.59%), Lituania (13.98%), Eslovaquia (9.8%) y Grecia (9.75%).

Siendo así las cosas, en España pagaríamos un préstamo de 20.000 euros en cuotas mensuales de 408 euros a 5 años.

En cambio, en la zona euro (4.8 puntos), pagaríamos 375 euros al mes. Y ya nada que ver si nos vamos a Bélgica (3,07%), a Francia (3,63%), o a Alemania (4,09%).

¿Qué nos queda?

Son especialmente las clases medias-bajas las que más vulnerables se encuentran al final del camino. Son ellos quienes más problemas tienen para superar el endeudamiento.

Entonces, ¿qué nos queda?

No nos van a faltar ofertas, oportunidades y ofrecimientos de préstamos rápidos, seamos quienes seamos. La respuesta correcta es un correcto análisis de las condiciones y de nuestras necesidades.

¿De verdad es necesario ese préstamo?

¿Estamos seguros de querer financiar eso ahora?

¿Y si esperamos a tener dinero para asegurarnos poder devolverlo todo?

Si nos decidimos por el crédito, deberemos comparar los existentes, analizar sus características detenidamente, no dejarnos llevar por tentaciones peligrosas o privilegios dudosos. Ante cualquier duda, preguntar y no conformarnos con respuestas ambiguas. Sin la respuesta clara, no movemos ficha.

No olvidemos que la decisión es nuestra.

 

Fuente: Levante - EMC

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