Contratar un seguro de vida, actividad de alto riesgo

author Óscar Ahulló Fecha de publicación: 10.03.2020
Contratar un seguro de vida, actividad de alto riesgo

No todo el mundo está en condiciones de contratar el seguro de vida más ajustado a su situación. Existen límites, exclusiones, vinculaciones y otros aspectos a vigilar

Un seguro de vida consiste en abonar una cuota mensual en favor de una empresa aseguradora a cambio de que esta, nuestra compañía, compense económicamente la muerte o invalidez del tomador del propio seguro. Pero resulta que en los contratos de seguro de vida existen límites, exclusiones, vinculaciones, y tipos de primas que convierten la tarea de encontrar un buen seguro en toda una aventura.

Tipos de seguros de vida

El seguro de vida riesgo nos permite asegurar solo la causa de muerte del tomador, por lo que el beneficiario recibiría compensación solo en dicho caso.

Por su parte, el seguro de vida ahorro permite acumular una cantidad de dinero que el beneficiario ha ido abonando hasta darse la circunstancia acordada, como puede ser la jubilación.

Y existe un tercer tipo, el mixto, que devuelve el capital al beneficiario si el fallecimiento del tomador deviene antes del término del contrato.

Almudena Velázquez, abogada experta en Derecho bancario de la plataforma de reclamaciones Reclamador, recomienda “preguntar qué ofrece cada producto, las diversas formas de indemnización que tiene, las limitaciones que pueda tener o si se puede personalizar añadiendo o quitando coberturas; todo ello influirá en la prima y en sus posteriores revalorizaciones”.

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Exclusiones

Ileana Izverniceanu, portavoz de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), recomienda que nos aseguremos siempre de que no hay exclusiones en el contrato que firmamos; es decir, que cubre lo que debe cubrir, de lo contrario, “dejará desprotegido al tomador si la causa es una enfermedad”.

Carlos Lluch, director técnico de la correduría Lluch y Juelich, insiste en la importancia de esto: “Ir en bici, hacer ciertos tipos de deporte, trabajar en la construcción o el sector de transportes, ser bombero, policía o militar”, son motivos de exclusión en el contrato, por lo que debemos tener muy en cuenta si se cumplen en el caso del tomador.

Muerte e incapacidad

Además del fallecimiento, también podemos asegurar la incapacidad permanente del tomador. Si es el caso, debemos estar seguros de que contratamos la incapacidad permanente total porque, “en general, la que nos van a ofrecer es la absoluta, es decir, no sirve para ningún trabajo”, explica Lluch, “pero para muchas personas esa no es la realidad, sino que pierden la capacidad de ejercer su profesión, pero siguen siendo hábiles para otros puestos, aunque sean peor remunerados”.

Con bancos de por medio

Atención, porque muchos seguros de vida están vinculados con productos hipotecarios mediante los bancos, vinculación que la Ley de Crédito Inmobiliario permite solo si mejora las condiciones del contrato de hipoteca. Lo peligroso de estos seguros es que los gestiona una filial del banco, y su efectividad depende de que paguemos las cuotas de la hipoteca, con lo que puede surgir un “conflicto de interés”, según Lluch.

El propio experto relata un caso concreto:

“Fallece el titular de la hipoteca con un seguro de vida pagado a la aseguradora del grupo del banco. En un primer momento, el seguro no paga la prestación y el banco acaba ejecutando la hipoteca y subastando la vivienda que sale por el 50% del valor. El banco se queda la casa, toda la familia a la calle y endeudados de por vida. Solo entonces aparece el seguro y liquida el capital pendiente de la hipoteca con lo que la familia recupera algo de dinero”.

¿Qué hacemos?

La jugada nos puede salir carísima, como podemos comprobar. Dice Velázquez que “hay que intentar primeramente la solución extrajudicial”. Consiste en reclamar dirigiéndonos a la propia entidad aseguradora, que deberá responder en dos meses. Si no vemos la reclamación respondida o la respuesta es negativa, podemos interponer otra queja al Servicio de reclamaciones de la Dirección general de seguros y fondos de pensiones, que dictará un fallo en cuatro meses. Si la resolución no es acatada por la entidad aseguradora, “se podrá acudir a los tribunales”, según Velázquez. Izverniceanu señala que “si el usuario ya es suscriptor de un seguro de vida, es muy importante también no anular la póliza antes de haber contratado otra, porque, si estuviera padeciendo algún problema de salud, podrían no admitirlo o ponerle algunas condiciones específicas”. Para que no se nos acuse a nosotros de incumplir las reglas del procedimiento, debemos recordar comunicar la intención de resolver el contrato de seguro con un mes de antelación.

Fuente: El Páis

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Óscar Ahulló

Es redactor creativo publicitario y redactor web especializado en finanzas.
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