Cómo acabar de una vez con depósitos, préstamos y seguros

Fecha de publicación: 30.04.2019
Cómo acabar de una vez con depósitos, préstamos y seguros

Dicen que la actividad del cerebro, así como el crecimiento del cabello y las uñas, sigue en funcionamiento un cierto tiempo tras el desfallecimiento. Pues bien, algo similar podríamos decir de los préstamos hipotecarios, los depósitos bancarios y los contratos de seguro. Muchas veces, pagar la última letra del primero, clausurar el segundo o resolver el tercero no tiene por qué significar la muerte de estos productos. Los expertos advierten que no es tan sencillo deshacernos de ellos y, en ciertos casos, nos costará incluso el dinero. ¿En qué debemos fijarnos entonces a la hora de concluirlos?

Depósitos bancarios, parecen fáciles…

Según el Real Decreto de Servicios de Pago, es posible resolver el contrato de depósito bancario cuando consideremos oportuno y sin dar conocimiento previo de ello al banco, quien lo cerrará antes de transcurrido. Por ese motivo, dice José María López, experto en finanzas, que “cancelar un depósito bancario es una operación relativamente sencilla. En la práctica, las entidades de crédito suelen acceder a la petición sin necesidad de agotar este plazo, una vez realizadas las comprobaciones oportunas”. Pero esta resolución conllevará el abono de las comisiones surgidas hasta el día que decidamos concluirlo, y se devolverán las pagadas anticipadamente. Un último aviso: aunque se anuncie que la cancelación del depósito es gratuita, no nos libraremos de pagar ciertas comisiones en relación con los costes si el contrato se ha cancelado antes de haber transcurrido seis meses desde que se formalizó.

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… pero se pueden complicar

Acorde con lo que hemos visto en el apartado anterior, es lógico pensar que cerrar un depósito bancario no es una tarea ardua ni cara, pero eso es así, especialmente, cuando solo existe un titular del mismo. Si el depósito cuenta con más de un titular, la situación pasará a regirse por lo que establezcan las cláusulas contractuales. López adelanta que  “podría ser necesaria la firma de todos ellos o la de algunos, o podría ser suficiente uno solo”. Y esto no es todo, porque la cuestión se complicaría de forma inusitada si resulta que estamos dirigiendo pagos actuales a la cuenta bancaria en cuestión, como podrían ser abonos de nóminas, por ejemplo, domiciliaciones o adeudos de pagarés, entre otros. En este caso, nos veríamos inmiscuidos en problemas de difícil solución, que no podremos pasar por alto. Hay una última situación susceptible de darse y que imposibilitaría, de forma provisional, la cancelación del depósito. Esta se daría si estamos pagando los gastos de la tarjeta de crédito, las cuotas de devolución de préstamos personales o, incluso, de hipoteca, mediante la susodicha cuenta. “En tal caso, es posible que no se pueda proceder a la cancelación hasta completar la amortización del crédito en cuestión”, afirma López.

Vinculaciones arriesgadas

Los clientes que se mueven mucho con sus bancos saben que las entidades tienden a ofrecer la contratación de más de un producto financiero al mismo tiempo, bien por aumentar sus propios beneficios o con la meta de ayudar a sus clientes a ahorrar en los intereses. Ellos las llaman ventas combinadas, y los clientes debemos tener mucho cuidado con ellas, porque pueden incluir productos perjudiciales, caros, peligrosos, de riesgo y, lo más determinante, cuya presencia desconocemos. “Si entre tales productos figurase un depósito a la vista, nada impediría, inicialmente, su cancelación, pero esta podría traducirse en un encarecimiento del crédito relacionado”, advierte López. Y al mismo tiempo, López nos tranquiliza al asegurar que lo dicho es aplicable a los depósitos a plazo. La diferencia es que los depósitos a plazo no nos ayudarán a llevar a cabo operaciones de abono y adeudo con respecto a la prestación de servicios de pago. Y como última advertencia, no podemos cancelar estos productos antes de que hayan vencido si no queremos, eso sí, ser penalizados por el banco. Lo mejor es “dar orden de no renovación al vencimiento, para evitar los costes asociados a la renovación tácita”, termina diciendo López.

Préstamos y créditos

El préstamo que más aludido se ve con esta afirmación es el hipotecario. Es uno de los más conocidos e, incluso, puede que uno de los que más habitualmente se cancela. Su naturaleza permite cancelarlo dos veces. La primera es de carácter económico y constituye el objetivo y deseo de todo hipotecado: amortizar todos los intereses. Pero existe otra cancelación: la del bien hipotecado inscrito en el Registro de la Propiedad. Al principio de todo, habremos realizado esta inscripción para que el bien hipotecado sea válido, pero al amortizarlo por completo, la hipoteca deberá ser eliminada del registro. Tenemos dos formas de hacer esto, como afirma el experto en finanzas José María López: “o la entidad declara su conformidad ante el Registro de la Propiedad o emite un certificado con el que el cliente podrá llevar a cabo la gestión”.

Los créditos no hipotecarios tienen una cancelación bastante más simple, puesto que se mantienen vigentes única y exclusivamente por motivo de la existencia de una deuda. Una vez devuelto todo el crédito, el contrato se extingue automáticamente. No está de más, como dice López, pedirle al banco el documento que certifica que hemos cumplido con nuestras obligaciones y que el crédito está cancelado.

Lo que cuesta la cancelación

Pese a todo y como se ha dicho antes, el préstamo hipotecario es uno de los productos que más se resiste a morir. Y es que su cancelación nos costará dinero del bolsillo. Antonio Ripoll, notario en Alicante, advierte de la necesidad de pagar los aranceles de otorgamiento de la escritura de cancelación de la hipoteca al notario. “Para un préstamo hipotecario de unos 150.000 euros serían unos 170 euros, a los que habrá que sumar el 21% de IVA”, explica. A estos, les sumaremos 115 euros por gastos registrales. Estamos hablando, con todo de unos 320 euros extra para cancelar la hipoteca. Eso será, no obstante, si lo hacemos por nuestra cuenta, pero si contratamos a una gestora para que se ocupe de la liquidación fiscal de la cancelación, nos tocará remunerar sus servicios por al menos una cantidad que, según Ripoll, oscila entre los 100 y los 400 euros. “A veces es la misma notaría quien se encarga o lo puede hacer el propio interesado, ya que se trata de un trámite sencillo”.

Los seguros

Por último, una póliza de seguro puede durar, como máximo, 10 años, pero mediante contrato puede acordarse su prórroga tantas veces como sea por periodos de un año, como mínimo. ¿Cómo interrumpimos la póliza? Tendremos que esperar a que se acerque la fecha de finalización y si, en efecto, no queremos continuar, avisaremos a la entidad con un mes de antelación para el tomador y dos meses para el asegurador. Aun así, López explica que “en la práctica no es infrecuente que el cliente comunique el deseo de no prorrogar el contrato sin haber respetado el plazo establecido en la Ley, o que trate de rechazar el adeudo en su cuenta extemporáneamente”.

El seguro de vida, por otra parte, se rige por otros principios de cancelación, especialmente en cuanto a plazos se refiere. Si el objeto del contrato es la vida del tomador o la de un tercero y su duración es superior al medio año, el usuario puede resolverlo tras la entrega de la póliza por la aseguradora sin necesidad de indicar las razones y sin ser penalizado, siempre que no hayan transcurrido más de 30 días desde dicha entrega. “En algunos de los demás contratos de seguro formalizados a distancia (por ejemplo, por internet o teléfono) el plazo para ejercer el derecho de desistimiento es de 14 días”, concluye López.

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